Las mejores ciudades para trabajadores a tiempo parcial

Por Ellie Anzilotti

En Seattle, una empleada en McDonald’s estaba frustrada porque no podía llegar a fin de mes con un horario que le daba un máximo de 25 horas a la semana. Tomó un segundo empleo en una residencia de vivienda asistida en 2010. Para transportarse entre sus turnos, tenía que tomar dos autobuses. El tiempo en el transporte público le quitó su tiempo con su familia, lo cual se hubiera evitado si le hubieran dado un horario de tiempo completo en McDonald’s tal como ella había pedido.

Para Sejal Parikh —directora ejecutiva de Working Washington, una organización de trabajadores con sede en Seattle— la historia de la trabajadora en McDonald’s era triste pero no sorprendente. En una conferencia reciente organizada por el Center for Law and Social Policy (Centro para la Ley y la Política Social o CLASP por sus siglas en inglés), Parikh detalló las maromas logísticas de otros empleados jornaleros en Seattle: algunos tenían que abandonar sus estudios debido a horarios impredecibles; otros dejaron de hacer pagos de cuentas porque no pudieron conseguir los turnos que necesitaban para cubrir sus gastos.

Working Washington resultó clave en hacer lobby para que el gobierno local aprobara legislación que regulara los horarios de los empleados jornaleros. En septiembre el Concejo Municipal de Seattle aprobó una ley de ‘horarios justos’ que fue diseñada para proteger a los empleados jornaleros en minoristas grandes y en restaurantes de comida rápida con asignaciones erráticas de turnos e insuficientes horas. La ley de Seattle estará vigente a partir de julio 2017 y se trata de la segunda legislación en cuanto a horarios que haya sido aprobada en una ciudad grande: en 2014 San Francisco pasó una Carta de los Derechos de los Trabajadores en Tiendas Minoristas.

Si bien la ley de Seattle abarca una gama más amplia de trabajadores que la de San Francisco —la cual principalmente se aplica a trabajadores en cadenas nacionales de tiendas minoristas— las dos leyes tienen estructuras parecidas. Las dos requieren a los empleados que les den a los trabajadores un aviso por adelantado de dos semanas en cuanto a turnos y cambios de horarios. También exige que los empleadores hagan turnos adicionales disponibles a los trabajadores actuales antes de contratar a más empleados a media jornada y que ofrezcan ‘pagos de previsibilidad’: estos son pagos equivalentes a un máximo de 4 horas de sueldo para compensar a los empleados por el tiempo pasado esperando de guardia o por turnos eliminados sobre la hora. Bill de Blasio —alcalde de la ciudad de Nueva York— actualmente está abogando por legislación parecida en Nueva York. Además, un puñado de otras ciudades —entre ellas San José y Washington DC— han promulgado protecciones de un menor alcance para los empleados jornaleros.

Entre todo el clamor durante 2016 sobre las ciudades y estados subiendo el sueldo mínimo, el asunto interrelacionado de horarios justos ha pasado desapercibido. En la conferencia CLASP, Derecka Mehrens deWorking Partnerships USA habló de sus experiencias después de abogar exitosamente por un referendo sobre horarios justos en San José. Según Mehrens, mientras que su organización luchó por aumentar el sueldo mínimo de la ciudad a 15 dólares por hora, los trabajadores le dijeron que aumentar los sueldos no era suficiente. “Nos estaban diciendo, ‘Claro, 15 dólares es excelente, al igual que 18 dólares, pero no si sólo me están dando 15 ó 20 horas a la semana”, dijo Mehrens.

Según un nuevo reporte del Economic Policy Institute, aproximadamente 6 millones de trabajadores en el país hora se ven obligados a aceptar trabajos de media jornada a pesar de querer y necesitar jornadas completas. Además, estas estadísticas están estratificadas racialmente: el porcentaje de empleados blancos trabajando a tiempo parcial involuntariamente es de un 3.7%, mientras que dichos porcentajes son de 6.3% y de un 6.8%, respectivamente, para trabajadores afroamericanos e hispanos. El asunto es extendido, dice Liz Ben-Ishai, una analista sénior de políticas de calidad laboral en CLASP. Además, no ha sido rectificado por la mejora económica después de la recesión. Ben-Ishai dice que los gobiernos de ciudades ya no se pueden dar el lujo de pasar por alto las consecuencias de programaciones erráticas de turnos y las jornadas involuntarias a tiempo parcial.

Ben-Ishai hace un paralelismo entre leyes sobre la licencia pagada por enfermedad y las preocupaciones sobre la programación de horas. Siete estados y 29 ciudades ahora tienen legislación aprobada sobre licencias por enfermedad, pero Ben-Ishai se acuerda de la oposición inicial que tales regulaciones enfrentaron.

“Escuchamos los argumentos apocalípticos de siempre de los empleadores y de los cabilderos de empleadores: que la ley obligaría a los negocios a cerrar o a irse de la ciudad o a contratar a menos empleados”, dice Ben-Ishai. “Pero cuando examinas los resultados de las leyes te das cuenta que nada de eso ocurrió”. De hecho, quizás ocurrió lo opuesto: en una entrevista con CLASP, Tony Juliano —dueño de un negocio pequeño en Nueva York— dijo que introducir la licencia por enfermedad pagada aumentó la confianza entre empleadores y empleados. Hay menos pruebas en cuanto a los resultados de la legislación sobre horarios —sólo la ley de San Francisco ha estado vigente durante suficiente tiempo para medirse— pero según CLASP los resultados han sido mayormente positivos.

Según Ben-Ishai, hay un incentivo económico para hacer que las ciudades promulguen la legislación sobre horarios. Dice que para apoyar a una ciudad vibrante, “tienes que tener familias trabajadoras estables que pueden regresar los dólares que están ganando a la economía local”. La inestabilidad y pobreza que acompañan el trabajo a tiempo parcial involuntario con frecuencia excluye tal participación económica. Pero además, según indica Ben-Ishai, hay una preocupación creciente en ciudades alrededor del país en cuanto a los asuntos de igualdad racial y las estadísticas sobre los empleados involuntarios de media jornada apoyan la manera en que normas laborales pobres afectan desproporcionadamente a las minoríasy a las comunidades de inmigrantes.

Si bien una ley sobre horarios justos fue introducida en el Congreso en 2015, Ben-Ishai no siente optimismo de que el gobierno federal (particularmente bajo la presidencia de Trump) extenderá las protecciones a los empleados de media jornada. “Se requerirá un montón de énfasis en cambiar las normas laborales al nivel local en el clima política que se avecina”, dice Ben-Ishai. Aunque la legislación sobre horarios con sus múltiples componentes es más complicada que las leyes sobre licencias por enfermedad o sueldos mínimos, Ben-Ishai siente confianza de que tales leyes se promulgarán en ciudades en todo EEUU. “Cuando uno piensa en ellas, las leyes tienen sentido”, dice. “Son prácticas que ya son implementadas por los mejores empleadores… esto será una forma de asegurar que los que no las han implementado se movilizarán para hacer lo correcto para sus empleados”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.